Socorrer a pesar de la ignorancia

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Hoy escribo este post desde la tristeza.

Hace unos días un equipo médico de la organización MSF destacado en Macenta (Guinea) para luchar contra la epidemia del virus Ébola, sufrió la agresión violenta que la incultura de las gentes de la zona en donde el equipo tenía su base permitió. Digo tristeza por la incultura y porque no hay nada tan temerario como esto: el no saber, y,  si a eso le añadimos la superchería y creencias absurdas, pues la temeridad alcanza niveles peligrosos.

Cuando estudiaba en la facultad la asignatura de “Historia de la Medicina”… el catedrático nos hablaba de los tratamientos aplicados en épocas medievales por brujos, druidas, barberos y médicos de aquellos tiempos, a los afectados por las epidemias de peste. El no saber qué era lo que causaba la enfermedad y cómo se transmitía obligaba a médicos y barberos a “inventarse tratamientos ” basados en suposiciones contrarias a cualquier pensamiento científico. Los que ejecutaban esos tratamientos no tenían ni idea de los efectos de esos tratamientos y actuaban movidos por la desesperación de los afectados y para, por qué no decirlo, para mantener su  status dentro del grupo. Esos charlatanes manipulaban a las gentes, en nombre de “vaya usted a saber”, con la finalidad de conseguir acrecentar su poder o influencia en el grupo.

Los tratamientos sin sentido científico y hasta hace muy pocos años,  siguen inmersos en la cultura popular. Cuando empecé a ejercer como médico allá por los 80, atendí pacientes que me contaban los “remedios”  que habían aplicado a la herida o a las quemaduras…. como anécdota curiosa decir que en una ocasión una paciente acudió al centro presentando una quemadura de 2º grado en el antebrazo a la que se sumaba un corte profundo. La paciente acudió con el antebrazo cubierto con un paño de cocina. Al retirar el trapo apareció una hoja de col, bajo la col, una dos o tres hojas de lechuga y bajo la lechuga una capa enorme de mayonesa mezclada con pimienta… en fin, que la mujer fue poniendo “cosas” según le iban diciendo los compañeros de la cocina del hotel donde trabajaba.

Lo que quisiera expresar en estas líneas es la admiración que siento por esos médicos, enfermeros y personal de apoyo de esa ONG que se llama MSF. Esta admiración no es sólo por el respeto a su trabajo en situaciones de catástrofe y casi siempre tan en precario, sino también por la labor educativa que intentan hacer allá donde actúan respetando siempre las costumbres del país y de sus gentes… aunque actúen en zonas medievales.

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