¿Cómo llamar la atención del socorrista? Parte I

7 “SOSrisas”

¿Os gustan las anécdotas tanto como a mi?, ¿qué le llama la atención al socorrista? ¿qué cosas se quedan en su memoria?, vamos a dedicar una serie de post a explicaros experiencias divertidas, tiernas, simpáticas, sorprendentes… todas ellas reales, vividas y contadas por socorristas, unas cortas, otras más largas, algunas en imágenes, a veces en vídeos… cada uno de ellos expresa sus emociones a su manera. Aquí van las primeras siete, pero hay más…

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Sonrisa 1.- Un rayo de luz en Ciudad Jardín

Ocurrió en Ciudad Jardín, apenas un mes y medio después de haber iniciado la temporada. Ella no tenía que estar allí, sin embargo había aceptado un cambio con un compañero y allí estaba trabajando. Suele ocurrir cuando te ha tocado el domingo como día libre.

La socorrista estaba realizando su labor de vigilancia desde torre, todo estaba en orden. De repente, una pequeña nota discordante, algo en que fijar la atención. En ese mismo instante una sonrisilla, acababa de visualizar mentalmente el trozo de texto exacto del libro de socorrismo donde se enumeraban  los usuarios de mayor riesgo: Las personas mayores, los niños,  los minusválidos y las personas con flotador.

A unos quince metros a su derecha, una madre desesperada trata de poner crema solar a su hijo  de 9 años, él chilla y llora. Al lado,  la pequeña que hace todo lo posible por captar su atención y jugar con él. La madre desiste, la pequeña no se cansa. Con un rastrillo, una pala y un cubo  busca en su hermano un compañero de juego, seguramente, para construir una enorme fortaleza de arena o una piscina, quien sabe. Sin embargo, él no habla, se muestra ensimismado mirando hacia el cielo. El sol brilla y eso parece divertirle. También se divierte mirando fijamente el collar de su madre, al meter los dedos en la arena con suma delicadeza, al tocarse el pelo repetidamente, pero cuando de verdad parece emocionarse es cuando le dejan usar su piano de juguete. Entonces; grita, ríe y bate los brazos sin parar… Una sintomatología propia de un trastorno del espectro autista.

Una hora después:

– ¡Chiquilla, anda y ayúdame por favor a meter a mi hijo al agua!

En ese momento la socorrista se encontraba atendiendo el servicio de acceso a los minusválidos. La madre confirma la hipótesis diagnóstica de la socorrista y, además le explica que padece una minusvalía media en las piernas. Comenta también que nunca lo ha metido al agua, que no cree que vaya a salir bien, pero hace tanta calor que considera que debe de refrescarse un poco.

La socorrista pregunta por su nombre. Responde a nombre de Jordi.

– ¡Hola Jordi!

Y así comenzó la magia…

No se sabe si fue su voz, su sonrisa o su dulzura, pero Jordi bajó la vista hacia la socorrista.

– ¡Que bien me miras!, ¡Que bien que contestas a tu nombre!

La madre atónita a penas consigue reaccionar para ayudar a sentarlo en la silla “Amphibia” y así introducirlo al agua.

– Nunca lo había visto así con una persona desconocida, a penas consigo yo que me mire y me haga caso

La madre está emocionada, los ojos llorosos y aquella sonrisa que sólo los padres tienen cuando están orgullosos de sus hijos. Jordi se deja coger y con un gesto risueño participa en el juego. Una vez en el agua, la magia continua. La madre con voz temblorosa y deseosa pregunta:

– ¿Te lo puedo dejar a ti unos minutos mientras esta en el agua?

– ¡Por supuesto!

Jordi no para de reírse y tratar de nadar sin dejar de  mirar a la socorrista y ella no deja de darle ánimos:

– ¡Que bien que mueves los brazos! ¡Súper bien Jordi! ¡Un poco mas!

La madre desde la orilla no para de hacerle fotos.

Una vez fuera del agua, una frase que quedará para siempre en la memoria de la socorrista.

“Nunca lo había visto tan feliz, parecía un niño más”.

No hay duda de que el trabajo hecho con cariño y con lo más profundo del corazón obtiene los mejores resultados. El amor por el bienestar de las personas es algo que nos caracteriza, para nuestra profesión es indispensable.

Por Aina Bagur

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Sonrisa 2.- Aquellos maravillosos años

Temporada 2000.

Por Susana Mayol

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Sonrisa 3.- El socorrismo hace amigos

Puedes ser el socorrista más rápido, fuerte o inteligente e intuitivo, incluso el mejor nadador pero…

sin tu compañero… ¡no eres nadie!

El compañerismo y el trabajo en equipo son piezas fundamentales y decisivas en nuestra tarea. Y ese compañerismo siempre desemboca en amistad porque el socorrismo hace amigos.

Por Lucas Perelló Caballero

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Sonrisa 4.- Con estas vistas se trabaja mejor

Las vistas que tiene el SOS desde su puesto de trabajo en el hotel.

Por David Jiménez

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Sonrisa 5.- Así bailan nuestros SOS

Socorremos y divertimos… ¿qué más se puede pedir?

Por Ana López Rodrigo

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Sonrisa 6.- Gracias, gracias, gracias

Ya está. Otro verano acaba.

Gracias por esta temporada. Gracias a mis compañeros, a mi supervisor (que ha hecho una gran labor y se ha portado mejor que bien con nosotros), también a dirección por dejarme formar parte de este equipo.

He disfrutado mucho de mi trabajo

Ahora con vuestro permiso me voy a hibernar y a reponer fuerzas.

¿Nos vemos la próxima temporada?

Por Sandra March

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Sonrisa 7.- Una vida es una vida

Yo estaba tan tranquilo vigilando la piscina de olas parque acuático en el que trabajo como socorrista.

De repente el cielo se oscureció y el viento comenzó a soplar. No tuve tiempo para reaccionar y vi la sombrilla volar… con el vuelo de dicha sombrilla… el bloque de hormigón que la soportaba se vino abajo y oh!… iba a caer sobre un pequeño e inocente caracol… entonces no tuve otro remedio que poner mi pie para poder salvarle la vida (como buen socorrista que soy) resultado… tres fracturas abiertas de metatarsianos y dos meses en casa sin moverme. La vida del caracol merecía tal intervención. 😀

Por Alejandro Oñate

Gracias a todos por vuestra colaboración.

Éstas son las de hoy, la semana que viene otra entrega con muchas más emociones. ¿Te animas a colaborar con las tuyas?

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