Adolescentes, prevención de ahogamientos

Rate this post

Y con los adolescentes como lo hacemos?

Llevamos dos años con la campaña OJOPequeAlAgua para prevenir ahogamientos infantiles, como ya sabéis insistimos en la vigilancia continua como primera y más eficaz norma preventiva… pero qué hacemos con los adolescentes a los que ya no tenemos todo el tiempo a la vista? Cómo prevenimos accidentes en el medio acuático en esta edad un poco más complicada?

Lo cierto es que no es sencillo, es un colectivo de riesgo, está claro. No son niños, pero todavía no son adultos. Empiezan a tener cierta autonomía en sus salidas, es habitual que vayan en grupos de amigos a playas y piscinas.

Muchos de nuestros chic@s saben nadar, lo que nos ayuda a evitar ahogamientos, pero las conductas de riesgo o los pequeños incidentes en el agua hacen que no sea suficiente con ello, un desvanecimiento, un golpe, calambre, la fatiga e hipoglucemia… merman nuestra capacidad nataroria.

La adolescencia trae consigo mayor independencia y alguna dosis de audacia a veces excesiva lo que los  hace más expuestos en el medio acuático. En esta etapa son bastante comunes los comportamientos poco seguros, el deseo de mostrar sus habilidades a los demás, el exceso de confianza en ellos mismos, el gusto por nadar solos en lugares poco frecuentados, incluso de noche, favorecen las lesiones y accidentes.

Lamentablemente en este tramo de edad algunos de nuestros jóvenes se inician en el consumo de alcohol y drogas, tanto uno como otras, son una constante en los ahogamientos que se producen en la primera juventud. Fiestas en playas o piscinas, competiciones entre ellos “envalentonados” por los efectos de bebidas o sustancias estufefacientes…

Otro factor con un tanto por ciento alto de accidentes graves en el agua son las zambullidas desde lugares no aptos para ello. Poca profundidad, fondo desconocido…, además de ahogamientos nos encontramos graves lesiones medulares, especialmente en los saltos de cabeza. Los saltos ornamentales con los que compiten entre ellos requieren de una preparación física y psíquica que todos no tienen. Negar la atracción que los saltos al agua ejercen sobre ellos sería negar una realidad como negar el gusto por los deportes acuáticos, otro riesgo a tener en cuenta si se practican sin la protección y preparación adecuadas. Vela, esquí acuático, surf o windsurf, kitesurf… actividades muy del gusto de este colectivo.

Recientemente hemos añadido a los riesgos habituales los maxi-flotadores, colchonetas, grandes inflables muy de moda estos últimos veranos, muy usados por preadolescentes y adolescentes. En piscinas públicas suelen estar prohibidos porque no permiten a los socorristas ver el fondo del vaso completo, puede quedar un niño sumergido debajo y no lo vemos. Y en el mar les ayudan a llegar a lugares donde por sus propios medios no hubiésen llegado, el problema aparece cuando una corriente les aleja demasiado o les impide volver, si pierden el flotador y quedan demasiado alejados de la orilla teniendo que volver nadando, incluso si se duermen al sol quedando al albur de las corrientes.

Seguimos con los juegos peligrosos tan practicados en este lapso de edad, las apneas (jugar a ver quien aguanta más sin respirar en el agua) son arriesgadas sin conocimientos previos, las ahogadillas o aguadillas, bromas sin mala intención que en ocasiones,  también producen accidentes acuáticos. Quien no recuerda el mal rato que pasó cuando uno o varios amigos le hundía una y otra vez jugando en la piscina?

Y cómo no los selfies! Esa locura por hacerse autofotos en lugares peligrosos, a ver quien consigue subir a sus redes sociales la imagen con más me gustas, también aumenta el número de incidentes.

Es una edad en la que les gusta verse bien, se suman a modas a veces inseguras, no siempre utilizan para nadar la ropa más adecuada, más cómoda, sino aquella que estéticamente les gusta. Cabello largo, accesorios en la ropa de baño, cintas de bañador o tiras de bikinis pueden causar un accidente grave si quedan atrapados en drenajes, desagües o son succionados.

Por último, nos encontramos con frecuencia adolescentes “responsables” de niños más pequeños. Los padres confían su cuidado a hermanos mayores que, como es natural en esta edad, están más pendientes del móvil, de sus amigos que de los pequeños de la casa.

Es importante señalar, que como en el resto de tramos de edad, los hombres se ahogan en una proporción de aproximadamente el 80% frente al 20% que son mujeres.

Y ahora que tenemos claros los riesgos…

Qué hacemos con los adolescentes y la seguridad en el agua?

Las recomendaciones de vigilancia intensiva de los peques no nos sirven, ya no podemos tenerlos siempre a la vista, a un brazo de distancia. El trabajo que hayamos hecho desde la niñez dará sus frutos en este momento.

Educar en prevención, en autoprotección desde la infancia, es vital cuando no los tenemos a la vista permanentemente. A esta edad ya son capaces de entender y racionalizar perfectamente los riesgos. Explícale cuales son los peligros y la forma de evitarlos, pon normas claras y estimula su responsabilidad.

Por supuesto es importante que sepan nadar, ten en cuenta que es complicado para ellos asumir en público que no nadan, hay casos de ahogamientos en adolescentes por no usar métodos de flotación por vergüenza. Pero  haber aprendido a nadar no es todo. Sobrevivir en el agua es también conocer los riesgos, saber como evitarlos y tener los conocimientos para actuar ante una emergencia pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte. Estimula su resiliencia, la capacidad de adaptarse a situaciones adversas y salir de ellas.

No dejes de explicarle como actuar ante un ahogamiento para ayudar sin convertirse en otra víctima. Que llame al 1-1-2 inmediatamente y después mientras llegan los servicios de emergencia, sin ponerse en riesgo, trate de socorrer a la víctima.

En esta edad ya son capaces de realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar, haz que aprendan. Será vital ante un accidente en el agua (entre otros, quizá te salven la vida a ti o cualquier familiar en caso de parada).

Hazle entender que los comportamientos bruscos, violentos, los juegos peligrosos entre ellos pueden desencadenar un accidente. Es habitual que los impulsores de estos comportamientos de riesgo salgan indemnes mientras otros miembros del grupo, menos hábiles, o con menos capacidad, sufran incidentes serios.

Recuérdale la importancia de conocer el lugar en el que se baña, profundidad, corrientes, fondo, temperatura del agua… si te ve hacerlo desde pequeño y lo compartes con él, será un hábito que practicará cuando vaya solo.

Incide en que escojan playas con servicio de socorrismo y que no vayan solos a nadar o en horarios en los que los socorristas no estén. Muéstrales nuestro trabajo para que entiendan nuestra función y confíen en nosotros. El socorrista no está para fastidiarles el baño, está para protegerles con normas preventivas y para rescatarle si estas fallan.

Saben lo que es una hipotermia o hipertermia, cuando y porque se producen?, tanto el frío como el calor son factores de riesgo que deben contemplar. Por supuesto la hidrocución, el shock por cambio brusco de temperatura.  Atención a la entrada en el agua de golpe, mejor poco a poco, especialmente después de comer.

Como no, el consumo de alcohol y drogas que disminuyen nuestras capacidades de fuerza, equilibrio y reacción ante una emergencia. La prevención en este sentido es tan importante como la de conducir bajo los efectos de cualquiera de ellos. Insiste especialmente en las consecuencias.

Tiene claras las consecuencias de una lesión medular por una zambullida imprudente? Dale normas claras, explicadas desde la niñez y  exige una normativa rigurosa en piscinas y espacios naturales. Internet nos facilita la posibilidad de ver testimonios de personas que han sufrido un accidente de esas características. Si se identifican en esos ejemplos quizá se conciencien del problema que puede suponer una actuación de riesgo

La mayoría de los accidentes suceden por  el incumplimiento de las normas básicas de prevención. Normas que han debido interiorizar desde pequeños y que aplicarán de modo automático si les hemos educado en la prevención activa, los NO (no entres, no saltes, no bebas… prevención pasiva) son poco efectivos frente a hacerle consciente y responsable de su actuación en el medio acuático. Los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que se les dice. Siguen el ejemplo del adulto.

Si los mayores de su entorno conocen las normas de prevención acuática y las practican, ellos también lo harán después. De poco sirve pedirle que no se bañe con bandera roja si nos ha visto durante años saltarnos esa norma.

Es más fácil prevenir los malos hábitos que terminarlos. Benjamín Franklin

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Post Navigation